El pleno, ese gran desconocido

El funcionamiento de un Ayuntamiento no es sencillo. Es una de las primeras cosas que descubres al desembarcar en el ameno mundo del periodismo local. Y no sólo es complejo sino que, además, es bastante desconocido.

Mucha gente ignora que, por lo general una vez al mes, sus representantes políticos se reúnen en un ágora posmoderno con forma de semicírculo y sillones de cuero para debatir todo cuanto afecta al municipio y, lo que es peor, ignoran que las sesiones plenarias son públicas, de acceso completamente libre (no ocurre lo mismo en otras instituciones donde los controles de acceso desaniman al más pintado). Pero no se puede culpar al vecino, los representantes políticos no suelen anunciar la fecha y hora de los plenos ni invitar a la ciudadanía, a través de los medios que tienen a su alcance, a que acuda a las sesiones plenarias. Quizá no les interese realmente que el votante pueda ejercer su derecho a opinar más allá de una vez cada cuatro años. Pero no seamos mal pensados, quizá, no crean interesante para sus convecinos los debates de la trastienda y prefieran ofrecerles el resultado final a modo de primera piedra, visita al proyecto, fin de obra, inauguración, puesta en servicio o visita en el aniversario.

Sí, amigos, un mismo edificio puede dar para cinco fotos, cualquier político que se precie sabe que hay que rentabilizar al máximo cada euro invertido.  Pero volviendo al tema que nos ocupa, decíamos que quizá consideren poco importante que los ciudadanos sepan cómo se deciden las cosas en su pueblo o qué opinión tiene cada uno de sus concejales (sean del partido que sean) al respecto de los muy diversos temas que se debaten en un salón de plenos municipal. Lo pongo en duda.

Pero si aún no haciendo públicas las convocatorias, haciendo los salones pequeñitos para que quepan pocas personas y convocando los plenos a horas intempestivas (o bien porque es en medio de la jornada laboral, o bien porque comienzan a las 21.00 horas) a usted no han conseguido esquivarle y ha llegado a tiempo de ver un pleno de su pueblo dispuesto a sentirse partícipe de la política local, a nuestros queridos representantes políticos aún les queda un as en la manga: el aburrimiento.

Servidor ha presenciado plenos de más de cinco horas. Y no es porque estén decidiendo cómo no tener que subir el IBI o cómo bonificar a los vecinos con menos recursos económicos a la hora de pagar los impuestos municipales, no. Discuten, por lo general, de temas de un marcado carácter autonómico o nacional que poco tienen que ver con el municipio, y en los que poco puede hacer un Ayuntamiento, salvo emitir una declaración institucional a favor o en contra de tal o cual cuestión que tan sólo compete al Gobierno central o, si hay suerte, al Gobierno autonómico. Es curioso cómo la política se esfuerza por pasar desapercibida para quienes, al fin y al cabo, han de decidir quién gobernará. No sé ustedes, pero a mí me genera un fuerte complejo de Guadiana: sólo podemos asomar la cabeza cada cuatro años.

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Sobre mi

Autor: Bruno Ramos Lara. Periodista, redactor SEO web, fotógrafía digital y maquetación • Curioso y emprendedor digital

Publicado en: Periodismo

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